Macbeth es una tragedia de William Shakespeare, escrita a principios del periodo jacobeo y registrada por primera vez en impreso en el Primer Folio de 1623, aunque por lo general se fecha alrededor de 1606. Escrita en inglés moderno temprano para el escenario comercial londinense, la obra refleja el compromiso maduro de Shakespeare con cuestiones de soberanía, legitimidad y violencia política bajo el reinado de Jacobo VI y I, cuyos intereses por la historia escocesa y la demonología formaron parte del trasfondo cultural de su recepción. Tomando libremente como base las crónicas sobre la Escocia medieval, Shakespeare transforma los materiales históricos en un drama concentrado sobre la ambición y el colapso moral, enmarcado por una meteorología ominosa, el desorden militar y las inquietantes intervenciones de las proféticas 'hermanas fatídicas'. La tragedia analiza las consecuencias psicológicas y éticas del regicidio, explorando cómo el ansia de poder corroe el juicio, el lenguaje y la identidad. A través de escenas rigurosamente estructuradas de tentación, ambigüedad y una brutalidad creciente, la obra vincula la crisis pública de la tiranía con la experiencia privada de la culpa, el insomnio y la alucinación, al tiempo que otorga a Lady Macbeth un papel central en la dramatización de las dinámicas de persuasión, la representación de género y la conciencia. La influencia perdurable de Macbeth se aprecia en su retrato arquetípico de la ambición desmedida y la desintegración moral, en su memorable imaginería poética de oscuridad y sangre, y en su papel fundacional en los tratamientos literarios, teatrales y cinematográficos posteriores sobre el crimen político, la profecía y la frágil legitimidad del poder.