Segunda parte de En busca del tiempo perdido, esta novela profundiza en la adolescencia del narrador, su despertar sentimental y estético, y sus experiencias con un grupo de jóvenes en la costa normanda. La obra sigue explorando la memoria involuntaria, el tiempo subjetivo y el mundo interior de los personajes, todo a través de una prosa densa, envolvente y lírica. En este volumen, Proust retrata la fragilidad de las emociones juveniles, el amor platónico, la fascinación por lo inalcanzable y la transformación del deseo. Es una de las piezas más sensuales, melancólicas y evocadoras del ciclo proustiano.