Louisa May Alcott (1832–1888), autora estadounidense influida por el trascendentalismo de Nueva Inglaterra y por los compromisos reformistas de su familia, se inspiró en gran medida en la experiencia doméstica y en las realidades de la guerra al componer Mujercitas. Publicada por primera vez en Estados Unidos en 1868 por Roberts Brothers (seguida de un segundo volumen en 1869), la novela apareció en inglés en un momento en que los efectos culturales de la Guerra Civil estadounidense aún eran vivos; su apertura, con las hermanas March afrontando una Navidad austera mientras su padre sirve en el ejército de la Unión, sitúa las economías domésticas privadas en el contexto de una crisis nacional. Encargada inicialmente como un libro para niñas, pero escrita con una agudeza psicológica poco común y una atención manifiesta al trabajo, al dinero y a la educación moral, la obra refleja tanto el mercado literario didáctico de la época como la negociación pragmática de Alcott con él. A la vez crónica familiar y novela de formación artística (Künstlerroman), Mujercitas examina la formación del carácter mediante pruebas cotidianas, representando la hermandad como un campo dinámico de rivalidad, afecto y autocorrección ética. La resistencia de Jo March a la feminidad convencional, junto con los diversos modelos de feminidad encarnados por Meg, Beth y Amy, permite una exploración sostenida de los roles de género, las aspiraciones, la creatividad y las tensiones entre el cultivo del yo y las expectativas sociales. Su mezcla de realismo doméstico sentimental, humor y reflexión moral ayudó a definir un paradigma duradero para la narrativa de formación, influyendo en la literatura infantil y en la ficción femenina posteriores, al tiempo que permanece como referente en los debates sobre la autonomía, la domesticidad y el papel cultural del hogar decimonónico.