Justine es una joven virtuosa que, a pesar de su inocencia y fe, sufre una interminable serie de abusos, traiciones y vejaciones en un mundo corrupto y cruel. El Marqués de Sade utiliza esta historia para poner en cuestión la moral religiosa, la hipocresía social y la relación entre virtud y sufrimiento. Con una carga filosófica provocadora y escenas explícitas, es una obra desafiante que escandalizó a su época.