Lara Steele escribe erotismo con pulso moderno: diálogos afilados, química inmediata y una sensualidad que crece desde la fricción. En sus libros, el placer no es un accidente; es una decisión que se toma con el cuerpo.Mackenzie no perdona que le arruinen el sueño… y menos a las siete y cuarto de la mañana. Furiosa, cruza la puerta del dúplex vecino dispuesta a declarar la guerra, pero lo que encuentra no es solo un “circo” de cajas: es una voz grave, una mirada de caoba y un hombre alto, tatuado, peligrosamente atractivo, que la enfrenta sin pestañear.
La rabia se le convierte en calor; la indignación, en curiosidad. Y la promesa de “poner la casa en orden” adquiere un significado mucho más íntimo cuando un tercero aparece para tensar aún más la cuerda.Porque a veces, la compañía de tres es la única forma de perder el control como se merece.