Hace veinte años, la detective Sarah Hawthorne huyó del manicomio Ravenscroft, dejando tras de sí un rastro de fuego y sangre. Pensaba que los horrores habían terminado.
Se equivocaba.
Ahora, siete personas han desaparecido cerca de sus ruinas. Las paredes sangran. Los pasillos se retuercen. Y el hombre al que creía haber matado, Gabriel Kane, ha vuelto, reconstruido con cables y carne.
Ravenscroft no está abandonado. Está despierto.
Impulsado por una retorcida investigación sobre la transferencia de conciencia, el manicomio se ha convertido en una máquina sensible que se alimenta de mentes, absorbe identidades y borra almas. El compañero de Sarah es el siguiente. Y la única forma de detenerlo puede ser destruir a todas las personas que aún están atrapadas en su interior.