Emma trabaja en el turno de noche en un centro de fotocopias abierto las 24 horas, dibujando bocetos de clientes para pasar las largas y silenciosas horas. Cada noche, a las 2:47 de la madrugada, llega la misma mujer: educada, puntual y extrañamente olvidable. Emma intenta captarla en sus dibujos, pero algo falla: todos los bocetos muestran un rostro en blanco donde debería haber rasgos.
A medida que las lagunas de memoria de Emma empeoran y la tecnología no consigue registrar las visitas de la mujer, empieza a cuestionarse su propia cordura. Pero cuando la misteriosa clienta por fin le habla directamente, Emma descubre una verdad más inquietante que la locura: algunas rutinas son más difíciles de romper que otras, sobre todo cuando no recuerdas cómo empezaron.
Una sutil historia de terror sobre los espacios entre la memoria y la realidad, donde los muertos no siempre saben que se han ido.
Perfecto para los aficionados al terror psicológico.