Publicado en 1930, este ensayo analiza el conflicto inherente entre los instintos humanos y las exigencias de la civilización. Freud sostiene que la represión de las pulsiones —especialmente sexuales y agresivas—, necesaria para la convivencia social, genera un inevitable malestar en los individuos. El texto articula conceptos clave como la pulsión de muerte y el sentimiento de culpa cultural. Freud explora también el rol de la religión, el arte y el progreso técnico en la administración de este malestar, revelando su mirada crítica sobre el optimismo moderno.