En este cuento breve y profundamente simbólico, un joven estudiante llora por no tener una rosa roja que ofrecer a su amada. Un ruiseñor, conmovido por su dolor, se sacrifica para crearla. La joven, sin embargo, desprecia el regalo. Wilde convierte este relato en una parábola sobre el amor idealizado, el sacrificio inútil y la indiferencia del mundo frente a la belleza verdadera. Con un estilo lírico y melancólico, Wilde denuncia el materialismo y celebra la pureza del gesto artístico.