En esta obra, Platón recoge el discurso de defensa que Sócrates pronunció ante el tribunal ateniense que lo condenó por corromper a la juventud y no reconocer a los dioses de la ciudad. Lejos de defenderse en términos convencionales, Sócrates reafirma su misión filosófica, guiada por el “daimon” interior y la búsqueda de la verdad. Rechaza el miedo a la muerte, denuncia la ignorancia de sus acusadores y expone con serenidad la necesidad de vivir una vida examinada. Esta apología no solo es un testimonio histórico del juicio, sino una declaración de principios que ha inspirado a pensadores de todas las épocas.