Escribo porque la escritura me salvó cuando todo lo demás falló, y porque soy un cobarde que se enfrenta a su cobardía escribiendo. No soy héroe, ni santo; soy un narcisista jugando a ser víctima que prefiere la niebla química antes que afrontar lo que realmente es.
Mi formación literaria es autodidacta, nacida de heridas convertidas en versos y de silencios transformados en páginas. He aprendido a escribir como quien aprende a respirar después de casi ahogarse: por pura necesidad vital.