6CAPÍTULO 2
52—Gracias, Lupita.
7EL REFUGIO DE LOS INVISIBLES
53El Legado del Acero.
8Arcadio se inclinó y besó con fervor la cabeza del gato.
54El Legado del Viento.
9La Bitácora de las Corrientes Ciegas.
55El Legado del Corazón.
10Luego, Arcadio giró hacia el otro lado del sillón.
56Arcadio tomó el auricular negro, sintiéndolo más pesado que de costumbre.
11CAPÍTULO 3
57El silencio que siguió fue eléctrico.
12Veracruz, 1978.
58Pero hoy, la disciplina le pareció una cárcel vacía.
13–– Que pase, contestó con una furia contenida.
59—¿Quién dicta la relatividad y veracidad del tiempo? Se preguntó.
14—¡Maldita sea! —exclamó, arrojando una carpeta vacía sobre el escritorio.
60—Sí, señor. Así se queda.
15Se detuvo fascinado y horrorizado.
6121 de enero.
16Chente regresó con un vaso alto.
62—Dígame, patrón.
17Se acercó, sacó su navaja y cortó la línea de un tajo.
63—¿Qué le gustaría de comer, patrón?
18Caminaba hacia el estacionamiento cuando ocurrió.
64—¿Qué es lo más chingón que sabes cocinar, muchacho?
19—Maldita sea —masculló, sintiendo que los ojos le escocían de nuevo.
65—¡Hey, marinero! Alto ahí.
20—Te juro que no tienes nada —agregó suplicante.
66—Vámonos, Esteban.
21CAPÍTULO 4
67Arcadio soltó una media sonrisa, disfrutando la esgrima verbal.
22EL ESPEJO DE LA CARNE
68Arcadio se guardó la risa y miró a Esteban.
23La recepcionista, una joven de modales pausados, levantó la vista del monitor.
69—Aquí lo espero, patrón —susurró Esteban, con la voz quebrada.
24La doctora se lavó las manos y lo miró con severidad profesional.
70—Muy bien, muy bien…
25Arcadio sostenía una sonrisa que le desbordaba los pómulos.
71—Aquí está, patrón —susurró Esteban, con un temor reverencial.
26—Dime, Cuca.
72—Esteban... ayúdame. No puedo solo, muchacho.
27—A ver... encender —balbuceó, apretando el botón rojo en ambos.
73—Y tú, gato rufián, ven para acá —ordenó Arcadio.
28Ahora, el verdadero dilema: la cafetera.
74—Sigue leyendo, muchacho... —susurró Arcadio—, que la marea está subiendo.
29El desastre fue inmediato.
75CAPÍTULO 7
30—Uno más —se concedió con una voz ya mansa.
76EL ÚLTIMO FLETE
31CAPÍTULO 5
77Una silueta emergió del agua aceitosa.
32LA CALMA ANTES DE LLEGAR AL PUERTO
78—Madre mía... —susurró, cayendo de rodillas en la arena gris.
33Miró la fachada una última vez.
79El impacto le sacó el aire, pero también le devolvió el calor.
34Arcadio obedeció.
80—¡Sujétate! —rugió la bestia en su mente.
35Arcadio sintió un frío repentino bajo la guayabera almidonada.
81—¿Qué?
36—¿Y el temblor? —insistió.
82—¡Ah! —Arcadio soltó un grito, cayendo sobre una rodilla.
37Mauricio suspiró. Conocía ese tono de alerta de guerra de su padre.
83No terminó de hablar cuando el primer destello cruzó el cielo gris.
38Arcadio lo miró con un desprecio que ocultaba un miedo atroz.
84—¡Me voy! —gritó, manoteando el aire.
39Silencio, dijeron sus labios.
85—¿Pero qué tengo? —pensó desesperado—. ¡Estoy desnudo!
40Su mundo se fracturó en mil pedazos.
86Arcadio no buscó refugio.
41Arcadio con dificultad hizo un recuento de su menú.
87—Recíbelas. De frente.
42El médico revisó el papel y negó con la cabeza.
88—¿Qué quiere? —preguntó Arcadio, temblando.
43Arcadio lo miró con fuego en los ojos.
89—¡Gastón! ¡Ámbar! —intentó gritar, pero el nombre se disolvió en su boca.
44—Exacto. Una casa que parece un barco encallado.
90—Gracias —dijo la consciencia de Arcadio, sin usar palabras.
45Arcadio asintió. La guayabera le pesaba de pronto como una armadura oxidada.
91—¿Don Arcadio? —llamó en un susurro, percibiendo una extraña y pesada sensación.
46CAPÍTULO 6
92ARCADIO SOLER. Estibador de lo que no pesa.