Aquel viernes no fue la excepción. Valeria y sus amigas se habían citado en Contrapuerta para tomar un trago y hablar de lo que les había sucedido durante la semana. Desde la primera vez que acudieron a ese bar, habían tomado la decisión de no cambiarlo, de hacerlo su lugar de encuentro. El ambiente era juvenil pero sobrio y elegante. Les gustaba ubicarse en la terraza para ver pasar a la gente.
La música rock iba subiendo de tono a medida que las horas iban pasando, hasta que se iniciaba la rumba.