
Length10h 24m
About this audiobook
Desde el mismo momento en que apareció hace 100 años la edición inicial de La vorágine en los talleres de Cromos de la ciudad de Bogotá, los lectores no pudieron escapar al impacto de las primeras líneas con que José Eustasio Rivera dio comienzo a su esplendente e intrincada novela, sin asociarla con la realidad de un país que luchaba por romper esa dura costra feudal que la condenaba al atraso, a la desigualdad social y al coloniaje mental y económico durante siglos. Realidad, designio, premonición, esta primera frase ha terminado por convertirse en una amarga alegoría de Colombia, y sin embargo, en medio de tanta barbarie consumada a lo largo de los tiempos, aún persiste en cada alma el afán por alcanzar la conquista individual o colectiva de los deliquios embriagadores del amor junto con otros ideales que por fin nos pudieran librar de tanta manigua devoradora de alegrías y esperanzas.
Audiobook details
GenreOther
Length10 hrs 24 mins
Narrated byListen with 1,000+ voices
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Publish dateOct 17, 2024
LanguageSpanish
Table of contents
1LA VORÁGINE
2José Eustasio RivERa
3PRólogo
4LA VORÁGINE, ESPEJO Y ALEGORÍA DE COLOMBIA
5Ensayo HistóRico-Político
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6LA NOVELA DE OROCUÉ EN LA VORÁGINE1
7que protagonizó unos hechos y escribió un libro.
8PRIMERA PARTE
9¡Y huimos!
10Aquella noche, la primera de Casanare, tuve por confidente al insomnio.
11Allí permanecimos una semana.
12Y de nuevo se echó a llorar.
13Alicia nos saludó con tono cordial y ánimo limpio:
14con el rostro iluminado por el fulgor de la hoguera, sonreía confiada.
15—Sin duda alguna.
16Luego, nosotros, prosiguiendo la marcha, nos hundimos en la inmensidad.
17a considerable distancia de nosotros.
18de la exageración.
19—¿Qué tienes? ¿Qué tienes?
20—En el caño.
21—Parece que usté juera pa algún joropo, según ta de cachaca.
22—¡Esas son etaminas comunes!
23—Blanco —me replicó—: pior es no parecer naa.
24—Arturo, ¿sentiste? ¡Ha llegado gente!
25—Servidor de usted —repuse devolviendo el abrazo.
26—Eso no tie naa de malo: avisando se vende.
27verdad que todo andaba manga por hombro?».
28—Mama, cuidao se yevan mi tiple.
29eco de la tonada.
30—¿Barrera viene frecuentemente?
31luego la mía, añadió zalamero:
32—musitó, sacándolo del cestillo donde lo tenía oculto.
33—¡Mama, a ve el escapulario!
34Confieso, arrepentido, que en aquella semana cometí un desaguisado. Di en
35solo. Luego, con el dedo en la boca, regresó para suplicarme:
36—¿No te da pudor?
37gritarle una y otra vez: «¡Imbécil, pregunta quién me dio estos mordiscos!».
38paralizada por el desorden de los vaqueros.
39—Regulares; los de nuestras monturas.
40Yévame. ¡Quero irme con vos!
41cuarto!
42—Mulato, ¿te vas al Vichada?
43Preguntale más bien si masca tabaco y dale una mascaa.
44—¿Y qué es eso de vengavenga?
45—¡Desde hoy quedaré en el desierto!
46Y esa tarde no bebí más.
47—¿No apetece ver la salía de la luna? —propuso Sebastiana.
48—Si querés —propúsole la patrona—, dejá la puerta de par en par.
49—Tampoco.
50¿Dónde estás? ¡Tiéntame! ¿Dónde estás?