la humanidad ha sido víctima de una trampa semántica construida por el miedo y la ignorancia. Cada vez que una presencia invisible desplazaba un objeto, cada vez que una silueta brumosa cruzaba un pasillo antiguo, nuestros ancestros, carentes de un marco conceptual sobre las dimensiones superiores, recurrían al único recipiente lingüístico disponible: la muerte. Así nació la palabra fantasma, la cual encasilló un fenómeno evolutivo cuántico en el estrecho ataúd del folclore sepulcral.