En los años noventa, una familia común intenta recomenzar su vida mudándose a una casa antigua marcada por un crimen silenciado. Décadas atrás, un niño murió allí por un disparo accidental durante un juego entre hermanos. Pero la casa que absorbió su sangre, su miedo y su nombre no olvidó. Cuando los nuevos habitantes, una madre y sus cuatro hijos góticos fascinados por lo oculto, realizan un ritual con la fotografía del niño muerto, despiertan algo que jamás debió respirar de nuevo.
El espíritu que responde no es solo un fantasma: es una conciencia demoníaca que utiliza al niño como máscara. A partir de esa noche, los Montenegro son sitiados por manifestaciones horrendas: sombras que se mueven solas, pasos infantiles en los pasillos, manos pequeñas que aprietan el pecho de los durmientes. La casa, que late y gime como un cuerpo inmenso, reclama alimento: culpa, miedo, memoria.