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Summary
En la víspera del año 2001, mientras el mundo celebraba el cambio de siglo, una residencia en el distrito de Setagaya, Tokio, se convertía en el escenario de uno de los crímenes más desconcertantes de la historia moderna. Un intruso no solo aniquiló a la familia Miyazawa, sino que decidió habitar su hogar durante diez horas, consumiendo sus alimentos, utilizando su ordenador y dejando tras de sí un rastro de ADN transcontinental y arena de los desiertos de Nevada. Alberto Guajardo disecciona la logística de una intrusión perfecta y la falla sistémica de un país que, a pesar de tener todas las pruebas físicas, nunca pudo ponerle rostro al asesino. Una crónica sobre el tiempo detenido y el rastro de un fantasma que se desvaneció en el flujo ferroviario de una metrópolis en fiesta.