En este tratado fundamental, Aristóteles explora la naturaleza del alma como principio vital de los seres vivos. A diferencia de Platón, el filósofo estagirita propone una visión más funcional: el alma no es una entidad separada del cuerpo, sino su forma, lo que lo hace ser lo que es. Aristóteles distingue tres tipos de alma: vegetativa (nutrición), sensitiva (percepción) y racional (pensamiento), atribuidas respectivamente a plantas, animales y seres humanos. El texto analiza funciones como la memoria, el sueño, el deseo, el intelecto y la percepción, sentando las bases de la psicología antigua y de la filosofía de la mente. Acerca del alma no solo influenció el pensamiento escolástico medieval, sino que sigue siendo objeto de estudio en debates contemporáneos sobre conciencia, identidad y vida.